Desde submarinos hasta catapultas y chiles jalapeños, Joaquín Chapo Guzmán ha sido un verdadero innovador a la hora de inventar distintas maneras de transportar drogas. 


A pesar de que abandonó la escuela desde pequeño, Joaquín Chapo Guzmán es una verdadera mente maestra. El Chapo, de 55 años —un líder robusto y calculador— mueve más drogas hoy que Pablo Escobar en el punto más álgido de su reinado.

El Chapo es mito, inspiración de innumerables narcocorridos y relatos. El Chapo es leyenda, respetado y maldecido por escapar de prisión (en un carrito de lavandería, según los de Puente Grande) en 2001, y se dice que se balancea sobre sus pies mientras mira a sus subordinados a los ojos y reparte instrucciones. El Chapo es la pieza central de Cocaine Incorporated, el más reciente y exhaustivo perfil del capo por Patrick Radden Keefe, y que además podría ser el último de su tipo.

Es una lectura fascinante. Keefe pinta un retrato increíblemente detallado de una complicada figura (“Es un pulpo”, según el testimonio de uno de sus cómplices) que ha permanecido en las sombras del submundo de la ilegalidad. Haciendo un mapeo del ascenso del Chapo, desde sus primeros días en el cártel de Guadalajara a principios de los ochenta, hasta su eventual conquista de Sinaloa, Keefe señala a este personaje como cualquiera de estas cosas: un personaje impredecible de la sierra, ex cocainómano, astuto hombre de negocios, multimillonario, esposo y padre amoroso, un posible asesino.

Pero es la innovación en el narcotráfico (el sucio y riesgoso reto de mover productos por el tiempo y el espacio) lo que realmente parece colocar al Chapo por encima de todos los demás participantes. Sabe cómo superar a sus rivales y burlar las patrullas fronterizas. Eso es un hecho. Cuando se trata de suministrar a los estadounidenses un sinfín de líneas de coca, y toneladas de mota, heroína y cristal, las técnicas de tráfico del Chapo están en constante estado de reinvención.

Narcosubmarinos

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El Chapo y el cártel de Sinaloa estaban moviendo tanto yeyo colombiano en 1990, que simplemente llevar el producto a la frontera con Estados Unidos se convirtió en un reto completamente nuevo. Así que comenzaron a meter el producto en pequeños aviones privados, dentro de equipaje contrabandeado en vuelos comerciales, y al poco tiempo, en sus propios 747, que podían trasladar 13 toneladas de polvo. También invadieron las aguas, contrabandeando sus productos en contenedores y barcos de pesca, dentro de sus propias lanchas y —el medio más notable de todos— submarinos.

La primera generación de narcosubmarinos fueron una evidente basura: vehículos anticuados y semisumergibles, cuando mucho. Pero éstos evolucionaron rápidamente. Así como los narcosubmarinos que aparecen en el documental de Motherboard, los del Chapo se transformaron en medios completamente sumergibles diseñados por ingenieros y armados bajo la protección de la selva amazónica. Tras ser desarmados y enviados río abajo, estos vehículos eran rápidamente reensamblados en la costa antes de zarpar hacia donde fuera que hubiera necesidad de más drogas. Valuadas en un millón de dólares cada una (cambio para chicles, según los estándares del cártel), estas cosas pueden acomodar a dos o tres adultos, y pueden viajar miles de kilómetros. Incluso vienen equipados con palancas que, en caso de que la guardia costera se acerque demasiado, pueden ser activadas para inundar el interior y hundir el preciado cargamento.

Jalapeños rellenos

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Es en serio. En algún punto, el Chapo abrió una fábrica de enlatado en Guadalajara, donde empezó a producir miles de latas bajo la marca Jalapeños Comadre. Cada chile se rellenaba con coca antes de ser sellado al vacío y enviado a los pasillos de ciertos establecimientos de mexicanos en California.

Catapultas

Si hay algo que demuestre que el cártel de Sinaloa (o cualquiera para tal caso) está dispuesto a hacer lo que sea con tal de mantener el flujo de sus productos, y seguir enriqueciéndose por poner a los gringos hasta el pito, es esto. ¡Oh!, ¿ahora vas a poner una barda? Pues tu estúpida barda nos la pela; ¿qué te parece nuestra versión moderna de la artillería griega?

“[La patrulla fronteriza] levantó esta barda sólo para descubrir, unos días después, que estas personas tenían una catapulta”, dijo a Keefe el ex director de Operaciones de la DEA (policía antinarcóticos de Estados Unidos), Michael Braun, refiriéndose a la moderna barda que dividía la frontera de México con Arizona. “Y están disparando pacas de cien libras (45 kilos) de mariguana al otro lado. Una catapulta. Tenemos la mejor barda que el dinero puede comprar, y nos contraatacan con tecnología de hace 2,500 años.”

Vehículos todo terreno

Cuando los submarinos, chiles enlatados y/o proyectiles no son suficiente, siempre están los aviones, trenes y automóviles.

El cártel del Chapo ha logrado vadear el Colorado con puentes hechos de sacos de arena, sobre los cuales salen disparados buggies de arena cargados con polvos mágicos de alta calidad hacia algún lugar en la ruta del norte. También son reconocidos por haber escondido drogas en camiones refrigerados y en “cavidades hechas a la medida en la carrocería de autos y en cargamentos de pescados”, según Keefe. También usaron trenes de carga, los cuales llegan a las “bodegas del cártel en Los Ángeles y Chicago, donde utilizan vías muertas para descargar la mercancía directamente a los autos”.

Cuando todo lo demás falla, siempre está FedEx.

Y… ¡los túneles!

Pero la que quizá sea la técnica más brillante de contrabando del Chapo no es una que se salte la barda, es una que le pasa debajo. El Chapo domina el arte del tunelaje, lo que le da un nuevo significado al “submundo”.

Como dice Keefe, la más grande contribución del Chapo al trasiego de drogas es arte en constante evolución, “fue una de esas innovaciones tan lógicas que, en retrospectiva, es increíble que nadie lo haya hecho antes”. A finales de los ochenta, el Chapo contrató a un arquitecto para que diseñara un pasaje subterráneo entre México y una casa de seguridad del cártel en Douglas, Arizona. El resultado final fue un túnel de 60 metros que pasaba justo debajo de las fortificaciones fronterizas, entre el almacén y la casa de un abogado del cártel. Ahí se utilizaba un “grifo de agua” común y corriente junto al domicilio del abogado para revelar una puerta secreta debajo de una mesa de billar dentro de la casa. ¿Qué opinó el jefe? Según Keefe, “al Chapo le pareció cool”.

La policía encontró el túnel poco tiempo después. Entonces, como siempre, los federales de ambos lados de la frontera le pisaban los talones al capo. Uno no puede más que preguntarse cuánto tiempo podrá seguir viviendo a las expectativas de esta reputación que le precede, y seguir desapareciendo entre mitos y leyendas.

Es verdad, muchos policías y políticos están en la nómina del cártel. Pero hoy, más que nunca, el hombre se encuentra asediado, luchando por recuperar su posición tras el arresto de varios de sus empleados más allegados, y de lidiar con la sangrienta realidad de los Zetas, quienes se han convertido en una seria amenaza del territorio. Es más, millones y millones de dólares están siendo destinados por ambos gobiernos para rediseñar la frontera, con escáneres, cámaras y drones Predator en constante guardia.

Por ahora, se estima que la organización del Chapo tiene ganancias del orden de 3,000 millones de dólares, igual que Facebook. Pero mientras la demanda estadounidense (“la insaciable nariz de Estados Unidos”, como alguna vez la llamara Héctor Aguilar Camín) siga existiendo (y seguirá), realmente no es difícil imaginar que los medios de transporte del Chapo, tan astutos y casi graciosos como son, continuarán adaptándose. Y dado que sus innovaciones están proliferando, con imitaciones de los otros cárteles, es posible que incluso después de su muerte, el Chapo permanezca donde siempre ha estado: un paso adelante en el juego.

Forbes México