Final de himnos, corazones e imposibles en Basilea. El Sevilla del “dicen que nunca se rinde” contra el Liverpool del “You’ll never walk alone”. El equipo de los goles insospechados como el de Palop en Donetsk, Mbia en Valencia y las tandas de penaltis de gloria (Betis, Benfica, Athletic…), contra el autor del milagro más grande de una final de Copa de Europa (Estambul, 2005 ante el Milán). Un choque de emociones precioso en Sankt Jakob Park, donde se adivina una final grande entre el campeón (puesto 14 en el ránking UEFA) y el nuevo Liverpool (35) de Klopp, que fiel a su personalidad arrolladora entró como un torbellino por Anfield y ha devuelto a los reds por donde solían.

El Liverpool, cuyos hinchas invadieron ya ayer el centro de Basilea regresa a una final europea nueve años después en una nube de optimismo a la que le ha subido Klopp, técnico de todo y nada que se plantea salir con un equipo ultra ofensivo: Milner, Emre Can, Lallana, Firmino, Coutinho… En juego, mucho más que un título: 21,5 millones de euros como mínimo: 6,5 por ganar la final, 3 sólo por jugar la Supercopa de Europa y 12 por asegurar la fase de grupos de la Champions que es casi otro título. Para el Sevilla, porque le permitiría alargar un ciclo glorioso. Para el Liverpool, porque ni siquiera se ha clasificado en puestos europeos.

Es una final de pasiones, sí, pero también de pizarras. Llegan noticias desde Liverpool de un ataque desbocado red, al estilo del que se llevó por delante al Dortmund en cuartos y al Villarreal en semifinales. Un equipo de arrebatos. Volcánico y contra golpeador por más que Klopp defendiese ayer que el orden será clave. Emery quiere ponerle cabeza fría.

Se anuncia, por tanto, espectacular batalla en la estrategia y en permanente alerta porque el Liverpool ha hecho varios goles en los descuentos esta temporada. Es uno de los miedos en el Sevilla. Que el peso de la leyenda del Liverpool, cinco Copas de Europa y una masa de seguidores tan desbordante, no supere por primera vez en una final a un equipo que ha demostrado una fe inquebrantable que le ha llevado a las gestas que hoy escribe.

“All In Sevilla”, era el mosaico que se preparó en el Sánchez Pizjuán para las semifinales. “Todo al Sevilla” porque es un equipo de fe que ha generado confianza en una competición que es la suya. Ya lo gritó Emery, que podría igualar a Trappatoni (Juventus, 1977 y 1993 e Inter de Milán, 1991) como técnico más laureado de la competición: “No hay nadie, nadie, que la sienta como nosotros, que la quiera como nosotros, que la desee como nosotros”. A por la Quinta, Sevilla.

Via: AS