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#PalabraCulta: La «serendipia» es común en la ciencia

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La palabra serendipia es una adaptación anglosajona de serendipity, y este de Serendip, nombre que recibía antiguamente la isla de Ceilán, actual Sri Lanka. En etimología sánscrita, Seren es Ceilán y dip es isla.

Su definición, según la Real Academia Española, es hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual.

El término hace alusión a la fábula persa The Three Princes of Serendip (Los tres príncipes de Serendip), donde los príncipes encuentran o averiguan cosas que no buscan, y se recoge en el libro de poemas de 1302 Hasht Bihist (Ocho paraísos) de Jursan Amir, conocido como Amīr Khusrow.

Horacio Walpole –político, escritor e innovador arquitecto británico- utilizo la palabra serendipity en 1754, para calificar un tipo de suerte inmerecida o resultado diferente al buscado.

De acuerdo a la Fundación de Español Urgente (Fundéu BBVA) si el contexto permite un registro coloquial, también se puede usar chiripa, que además de ser una especie de cucaracha pequeña –en República Dominica y Venezuela- puede significar carambola –casualidad favorable-.

También se pueden emplear como sinónimos serendipidad y serendípico/a, -perteneciente relativo a la serendipia-.

La palabra está ligada a numerosos descubrimientos realizados en el mundo científico, que se dieron gracias a que sus autores se encontraban atentos y abiertos a lo inesperado –aunque buscasen otra cosa-. Se trata por tanto de un proceso activo, no pasivo.

Algunos experimentos sugieren que la serendipia se da a partir del networking y el aprendizaje activo, especialmente cuando estamos explorando en busca de algo, y donde la distracción y la sorpresa son también factores clave.

Existen infinidad de ejemplos al respecto, como el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón, quien en realidad pretendía encontrar una ruta hacia las Indias por el oeste; Newton con la manzana; o por ejemplo la invención del velcro por parte del ingeniero George de Mestral a raíz de un paseo por el campo en el que observó su chaqueta cubierta de esos pequeños cadillos llamados “arrancamoños”, que al quitarlos de su abrigo y estudiarlos en el microscopio, descubrió que estos parásitos poseen numerosos ganchos dotados de una forma peculiar, que les hace adherirse muy eficientemente en otras superficies igualmente irregulares. Tras esto, se le ocurrió crear un sistema de cierre práctico basado en dicha estructura. Así surgió el cierre de velcro.

 

Otros ejemplos:

En 1922, Alexander Fleming dio inicio al descubrimiento de la penicilina cuando estaba analizando un cultivo de bacterias y se le contaminó con un hongo. Más tarde descubrió que alrededor de ese hongo no crecían las bacterias e imaginó que ahí había algo que las mataba.

Albert Hofmann descubrió accidentalmente el LSD (ácido lisérgico dietilamida) cuando en el curso de su investigación sobre los derivados del ácido lisérgico obtuvo el LSD-25, el cual se demostró como poco interesante desde el punto de vista farmacológico, por lo que se dejó de investigar sobre él.

Según relata el doctor en su libro LSD – Mein Sorgenkind, cinco años más tarde, debido a que no podía olvidarse de aquella sustancia, volvió a sintetizarla para una ulterior investigación, lo que era muy excepcional al haber sido ya inicialmente descartada. Cuando procedía a su cristalización se sintió afectado por una mezcla de excitación y mareo, viéndose forzado a abandonar el trabajo en el laboratorio.

Presumiblemente, a pesar de sus precauciones, una mínima cantidad de LSD tocó la punta de sus dedos y fue absorbida por su piel. Ya en su casa, despierto, pero en un estado de ensoñación, percibió una serie interminable de fantásticas imágenes con intensos y caleidoscópicos juegos de formas y colores, que no se desvaneció hasta pasadas unas dos horas.

 

Vía Culturalizando

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La niña prodigio del boxeo

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Esta niña de tan solo 9 años tiene una fuerza impresionante que es capaz de hacer caer un pequeño árbol a puros puñetazos, y su padre puede estar muy tranquilo pues si alguien le rompe el corazón a su nena, ellas les rompe los huesos.

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¿Te desagradan algunos sonidos fuertes? Averigua por qué

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Algunos ruidos pueden generar sensaciones desagradables y estremecedoras para el ser humano, por ejemplo, pasar las uñas por una pizarra puede ocasionar escalofríos, dentera y grima para muchas personas, sin embargo esto se debe a la sensibilidad del oído y a otros factores que la ciencia explica de la siguiente manera:

Un equipo de científicos de la Universidad de Newcastle en Australia ha descubierto que se debe a una interacción entre la región del cerebro que procesa el sonido, que vendría siendo la corteza auditiva, y la amígdala, una estructura cerebral que procesa las emociones.

Los resultados de esta investigación podrían ayudar a explicar enfermedades como la “hiperacusia” y la “misofonia”.

La hiperacusia es el aumento de la sensibilidad auditiva que suele deberse a una irritación en alguna parte de la vía auditiva. Este síndrome genera una disminución de la tolerancia a sonidos normales y naturales del ambiente. Los pacientes con hiperacusia sienten los sonidos normales como exageradamente elevados, también les molesta la voz los niños, el sonido de la vajilla, la bocina de los autos, el ruido de una moto, una frenada, etc.

Los pacientes con hiperacusia se sienten virtualmente prisioneros del ruido, ya al despertarse les molesta el sonido de las actividades habituales, que oyen como inusitadamente elevado.

Por otro lado la misofonia consiste en un síndrome que se define literalmente como “odio a los sonidos”, esta se manifiesta como un fuerte enojo causado por los sonidos que generan otras personas al comer, sorber, masticar chicle e incluso respirar. Las personas con misofonía pueden sentirse irritadas, enfurecidas o incluso sentir pánico cuando escuchan los sonidos que las perturban.

Estos dos trastornos podrían explicar por qué ciertos sonidos tienden a ser insoportables y generar “grima” en algunas personas. Es importante que las personas que los padecen de forma habitual asistan a los especialistas y acudan a terapias para ayudarse. (Vía Culturizando)

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Después de 66 años, un daltónico ve los colores como son por primera vez

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