Antonio Suleiman pretende cambiar la percepción social hacia sus compatriotas mediante la producción de este tipo de películas.

La historia del sirio Antonio Suleiman, de 19 años de edad, podría haber sido la de cualquier otro compatriota suyo que alcanza tierras europeas dejando atrás una guerra que dura ya seis años. Pero este joven, cuyas vivencias han sido recogidas por el portal de noticias sueco The Local, es un ejemplo de superación para miles de refugiados que aún huyen del horror en Siria. “Una a una, todas las puertas se cerraban cuando la gente conocía mi nacionalidad”, se lamenta durante la entrevista. Una frase que resume los obstáculos que sorteó para buscar su empleo soñado — en el ámbito de la interpretación— en Alemania, país en el que recaló nada más salir de su tierra natal.

Antes de verse obligado a entrar en el mundo del porno, Suleiman barajó otras alternativas. Él siempre había aspirado a trabajar en la industria cinematográfica de Estados Unidos o Inglaterra. El joven, que llegó a Alemania sin haber cumplido los 18 años, tenía claro que para conseguir su meta debía emigrar fuera del país germano. “No fue posible. Justo cuando iba a coger un vuelo en el aeropuerto de Stuttgart con destino Inglaterra me retuvieron”. Y añade: “Mi deseo era alcanzar EE UU, pero me vi obligado a quedarme en Alemania”.

En apenas un año, la ilusión por hacerse un hueco como actor de interpretación se fue diluyendo. Pese a contactar con varios productores, actores y directores la respuesta era la misma en cuanto descubrían de dónde provenía: “Ya te llamaremos”. “Renuncié a mi sueño e intenté trabajar como lavaplatos en varios restaurantes, incluso en lugares donde no se requerían estudios superiores, sin éxito”, explica.

Suleiman decidió dar un giro en su vida y probó suerte en el mundo del porno aunque en este sector también tuvo que soportar la negativa inicial de varios productores alemanes. “Muchos sirios siguen afirmando que no hay racismo en este país, pero yo pienso que se mienten a sí mismos”.

Por eso, no le quedó otra opción que hacerse pasar por un ciudadano alemán. Corría el año 2014. “El productor era inglés así que era más difícil que descubriera mi identidad falsa”, argumenta. Después de superar el casting viajó a Bélgica donde grabó dos películas por las que recibió 1.000 euros. “Pasaron tres meses, pero no volvieron a llamarme, me marginaron. Sin embargo, con mis compañeros sí siguieron contando”.

El joven se percató entonces de la falta de películas de origen árabe en el ámbito del porno. Por lo que decidió grabar su propio filme a nivel profesional, titulado The Arabian King (El Rey Árabe), rodado en Barcelona. “Me di cuenta de que el porno árabe que se consume en Internet realmente no lo es, es una simple falsificación”. Desde ese momento, Suleiman solo trabaja con productores estadounidenses porque, afirma, “están más abiertos a cambios y a otras tendencias, no como en Alemania”.

El camino trazado por Suleiman en estos años también estuvo marcado por el rechazo social. “Yo no puedo decir que sea realmente feliz con este trabajo, pero es mejor que lo que tenía”. Con el apoyo de sus amigos y la oposición frontal de su familia, el chaval que huyó de la guerra ahora piensa en convertirse en un actor famoso, pero fuera del porno. “Yo elegí esto porque no tuve otra opción”, sostiene. Poco después de estrenarse la película, publicó una foto en redes sociales en la que mostraba su pasaporte sirio junto al salvoconducto alemán. Lo llevó a cabo para evidenciar “el trato racista que reciben muchos sirios en Alemania”. “Era un mensaje hacia todo el mundo con el lema: ‘Yo soy un refugiado sirio que me dedico a ser actor porno'”.

“Cuando se estrenó la película, hubo comentarios negativos por parte de la comunidad siria en las redes sociales”, lamenta Suleiman. A lo que añade: “Pienso que es mejor tener sexo, que hacer la guerra. No solo existimos para acabar muriendo”. Suleiman no pierde la esperanza y aún espera tener éxito en Estados Unidos. “Creo que allí son más tolerantes”.

 

Vía El País