En muchos países, el tradicional besamanos ha pasado de moda. En Polonia, sin embargo, sigue siendo una costumbre cotidiana, sobre todo en eventos oficiales, explica la portavoz de la Oficina de Turismo polaca, Magdalena Korzeniowska. Por ejemplo, si el primer ministro polaco, Donald Tusk, se reúne con la canciller alemana, Angela Merkel, ella puede esperar que la salude besándole la mano.

Korzenoiwska advierte, sin embargo, que quienes quieran imitar este gesto en Polonia deben tener cuidado: “El beso solo es un ademán y de ninguna manera el hombre debe darlo realmente en la mano”. Además, “tampoco debe levantar el brazo de la señora, sino que es él quien tiene el deber de inclinarse mucho ante ella”.
En Polonia, el besamanos es tradicionalmente una señal de respeto. Al principio la gente besaba el anillo de sello de los nobles o jerarcas eclesiales. En el siglo XIX, esta costumbre cortesana la asumió también la alta burguesía y se mantiene hasta el día de hoy.

Por otro lado, los amigos polacos muchas veces se saludan con besos en las mejillas. La norma son tres. Sin embargo, aquí también se trata de un beso simbólico. Por el contrario, el “beso fraternal” de la época socialista ha pasado totalmente de moda.