Cientos de campesinos maya ch’orti’ que habitan el corredor seco combaten los efectos del cambio climático con técnicas de cosecha sostenible; además de seguridad alimentaria y de economía familiar con un proyecto de investigación agrícola.

Son al menos siete comunidades aledañas al municipio de Olopa, Chiquimula, donde 175 familias participan en el proyecto; desde 2019 son parte del programa de investigación “Cambio Climático, Agricultura y Seguridad Alimentaria (CCAFS, en inglés)” del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR).

Lee también: Blanca Ramírez y su hija Angie Caseros habrían sido asesinadas por una herencia

Los participantes como Ángela Ramos Ramírez, de 40 años, casada con un jornalero y madre de siete hijos; implementan algunas de las 13 prácticas agrícolas en constante perfeccionamiento, como huertos de hortalizas con techo y riego por goteo.

También captación de agua de lluvia, rotación de cultivos de maíz y frijol y reservas para producción de peces y riego, entre otras; todo con ayuda de la Asociación Regional Campesina Ch’orti’ (Asorech).

“Hemos aprendido y nos ha ayudado bastante en la alimentación. Ahora ya sembramos y cualquier planta que encontramos, ya tenemos para comer”, dice Ramos Ramírez.

En su parcela, de 14 hectáreas, Ángela ha aprendido a cultivar yuca, quilete, chatate, acelga, cebolla y cilantro, además de captar el agua de lluvia, construir un estanque para peces tilapia y regar con la misma agua a sus hortalizas, así como experimentar con una red captadora de agua de la neblina.

Las prácticas son innovadoras, especialmente en el corredor seco de Guatemala, un país de 16,3 millones de habitantes, donde el 59 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza y un 20 % lo hace en pobreza extrema.

Seguridad alimentaria en corredor seco ante el cambio climático

En la comunidad de Tuticopote, aledaña a Olopa, otras 25 familias cultivan repollo, brócoli, tomate, cebolla y cilantro; para que, con la variedad, se nutra cada núcleo familiar, pero también se vendan productos a terceros y así mejorar las condiciones de vida.

“Como nos capacitaron antes de la pandemia, nos enseñaron cómo consumir y no pasamos hambre. Todos los vecinos decían que cómo iban a comprar un tomate fino y nosotros se los vendíamos uno por quetzal. También vendimos cebolla y cilantro. El grupo en el que estamos trabajando no pasamos hambre”, contó Ángela.

Ángela Ramos carga a su hijo en medio de racimos de bananos cosechados en su parcela, el 29 de septiembre pasado. (Foto: EFE)

Su vecina, Marta Julia Valdéz Agustín, de 48 años y madre de ocho hijos, también ha vivido una grata experiencia con la agricultura sostenible; principalmente, con la ilusión que le hacen los más de 100 peces que están próximos a estar listos.

Valdéz relató a Efe que vendió cilantro en junio y obtuvo 150 quetzales y en el último viaje que hizo en septiembre sumó otros 100 quetzales; estas cantidades en la zona y condiciones en las que vive, hacen la diferencia para subsistir.

Potencial en tierra seca

El investigador y coordinador del proyecto Territorios Sostenibles Adaptados al Clima (Tesac), de la Alianza de Biodiversity International y el CIAT, el colombiano Jesús David Martínez, explicó a Efe cómo los procesos implementados en las comunidades también han sido a prueba y error y por aprendizajes de otros espacios similares en otros países.

Un ejemplo es el desarrollo de las tilapias, precisamente, que pueden generar “mejores ingresos con su venta”, pues “es el pez que mejor se adapta a las condiciones climáticas” y se “puede cultivar con estanques sin oxigenación al bajar la densidad de población a diez peces por metro cúbico de agua. Y funciona”, enfatiza.

Martínez ve un fuerte “potencial para producir y vender cosechas y peces” a los habitantes del departamento de Chiquimula e incluso en la Ciudad de Guatemala.

Esfuerzo y colaboración estratégica

El esfuerzo en el que trabaja Martínez constituye una colaboración estratégica de 15 centros de investigación, considerado como “el más integrador que se haya emprendido hasta la fecha para abordar las interacciones que hay entre el cambio climático, la seguridad alimentaria, los medios de vida de la población rural y el manejo del medio ambiente”, según indicó a Efe la comunicadora de la Alianza, Adriana Varón.

Por su parte, la directora regional para América Latina del programa CCAFS, Deissy Martínez Barón, aseguró que aunque el proyecto concluye al finalizar el año, las “capacidades, propuestas y planes en curso tienen una continuidad garantizada como socios locales e iniciativas próximas a implementar en la región”.

Fotografía de una planta de café sembrada bajo sombra forestal, el 29 de septiembre de 2021, en Olopa, Chiquimula. (Foto: EFE)

Guatemala es el segundo país más vulnerable al cambio climático en América Latina y el undécimo del mundo en exposición y vulnerabilidad; esto según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que pronostica, además, que para 2050 en Guatemala las lluvias disminuirán hasta en un 12 % y para 2070 podrían caer hasta en un 28 %.