Los chilenos decidieron reemplazar la actual Constitución, por abrumadora mayoría. Más del 78 %, con casi todas las mesas escrutadas y con más de un 50 % de participación.

Algunos aún no se lo creen, pues hace un año era inimaginable la idea de acabar con la Constitución de la dictadura; que ha dirigido los destinos del país desde 1980. Otros no dejan de llorar, saltan, cantan y esbozan abrazos imposibles; en un intento por cumplir con la distancia física que impone la devastadora pandemia.

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Familias enteras, jubilados, estudiantes y migrantes volvieron a inundar la ya emblemática Plaza Italia. Tras una histórica jornada, que para algunos fue “una lección democrática al mundo”; para otros “una victoria agridulce que costó demasiadas vidas”.

Cuando los resultados ya eran irreversibles, Plaza Italia se rompió en un atronador aplauso, seguido de caceroladas, fuegos artificiales, pitidos y batucadas.

Sobre el edificio Telefónica, el más alto en la zona, se proyectó el mensaje “Renace”. En un guiño a lo que simbólicamente supone sepultar el marco jurídico del régimen, su Constitución; mientras decenas de vendedores ambulantes se llenaban los bolsillos vendiendo bebidas, comida rápida y todo tipo de souvenirs alusivos al proceso constituyente.

La Constitución de Pinochet, salida al conflicto chileno

s de 1,2 millones de personas coparon el 25 de octubre de 2019 la capital chilena pidiendo “cambios urgentes” y mayor justicia social, en la manifestación más multitudinaria desde el fin de la dictadura militar. El cambio tardó en llegar, pero lo hizo este domingo, justo un año después.

Considerada por gran parte de la población como el origen de las grandes desigualdades del país por fomentar la privatización de servicios básicos, la derogación de la Constitución fue una de las principales demandas de las marchas y el plebiscito, la vía que encontraron los políticos para descomprimir la crisis, la más grave desde la dictadura, con una treintena de muertos y miles de heridos.

El aplastante resultado es el triunfo de una revuelta, que comenzó con una protesta estudiantil contra el aumento del billete de metro, que descolocó a la clase gobernante y que un año después carece de líderes visibles.

El siguiente paso es elegir a los constituyentes el próximo 10 de abril, quienes tendrán hasta un año para redactar el nuevo texto, que deberá ser refrendado en otro plebiscito, este con voto obligatorio. Nadie en Plaza Italia se plantea ahora la posibilidad de que esa futura votación se pierda y de que se vuelva al punto de inicio.