Un año después de la tragedia calzada La Paz, el dolor sigue presente en la aldea Santo Domingo Los Ocotes, en San Antonio La Paz, El Progreso. El polvo vuelve a levantarse, pero el drama permanece intacto entre las familias que perdieron a sus seres queridos.
El 10 de febrero de 2025, un autobús extraurbano se precipitó al vacío en la calzada La Paz, zona 6 de la capital. El accidente causó la muerte de 54 personas. Desde entonces, sus familias cargan con un vacío que no se llena.
Rosa Florinda Ramírez, de 73 años, permanece frente a su casa de lámina y piso de tierra. Vive sola desde que su hija, la maestra Edna Mariela Ramírez, y sus tres hijos menores viajaban en esa camioneta rumbo a la capital. Ninguno regresó.
Sus ojos se pierden en el horizonte, como si aún esperara verlos llegar por el camino empedrado. Me dejaron sin nadie. Se fueron mis niños, mis únicos niños, murmura.
Hoy se cumple un año del accidente ocurrido en la calzada La Paz, donde un bus cayó a un barranco y dejó 54 personas fallecidas y 9 sobrevivientes. El Gobierno asumió el compromiso de indemnizar a las familias de las víctimas, como parte de las acciones derivadas de la tragedia. pic.twitter.com/S2OpGusEBw
— 📻 Radio TGWTV (@RadioTGWTV) February 10, 2026
La ausencia cotidiana
La soledad envolvió su vida. Sin embargo, Dilia Rivera, una vecina, la cuida a diario. Le lleva comida y la ayuda con la venta ambulante de frutas que Rosa mantiene para sobrevivir.
Sin Dilia, ya me habría muerto, confiesa Rosa, mientras una lágrima recorre su rostro. En su casa no hay fotografías recientes. Solo conserva un pequeño altar con velas a medio consumir.
Reginalda Rivera, viuda desde aquella madrugada, abre la puerta de su hogar con una sonrisa forzada. Su esposo, mensajero en la capital, murió en el accidente. Era la cabeza de esta casa, dice. Ahora vive con sus hijos, quienes salen a trabajar cada día.
Las noches se le hacen largas. El insomnio la obliga a revivir el momento en que recibió la noticia. Me dijeron que ya no va a volver. Y el mundo se me vino abajo, relata.
Recuerdos imborrables
Francisca Rodríguez atiende su pequeño puesto de abarrotes. Perdió a su compañero de vida. Una vida juntos no se borra con un parte de defunción, asegura. Por las tardes, se sienta en silencio y le habla, como si aún estuviera a su lado.
Irma Catalán recuerda a su esposo como un hombre callado y protector. Siempre lo voy a recordar como mi compañero de vida, expresa.
En tanto, Aracely Revolorio perdió a su hermano de 41 años. No se metía con nadie, era un hombre trabajador; sigue siendo muy duro, lo seguimos recordando, dice mientras se lleva la mano al pecho.
En Santo Domingo, el luto es colectivo. Las calles lucen más vacías. Un año después, algunas indemnizaciones llegaron. Sin embargo, el dinero no reemplaza un abrazo, una risa o un mamá, ya llegué.
Flores y recuerdos
Esta mañana, decenas de familiares acudieron al lugar del accidente para enflorar a sus seres queridos. El punto exacto donde el autobús cayó unos 20 metros hasta detenerse en el río Las Vacas volvió a llenarse de flores.
En medio de un silencio profundo, cada familia realizó su ritual. Entre oraciones y palabras en voz baja, hablaron a quienes siguen vivos en su memoria y en su corazón. [DCA]