El nombre procede del griego phalaina, “mariposa” y opsis, “parecido”, debido a las inflorescencias de algunas especies, que recuerdan a mariposas en vuelo. Por ello, a las especies se les llama “orquídeas mariposa”.

Las Phalaenopsis son orquídeas de crecimiento monopodial, la mayoría epífitas, algunas también litófitas. De hojas persistentes a caducas, enteras, lustrosas, verdes, o verdes con dibujos plateados y el a veces rojizo. Sus tallos por lo general son cortos y están completamente cubiertos por las bases imbrincadas de las hojas.

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Las raíces plateadas son gruesas, redondas o aplanadas, se adhieren fuertemente al sustrato mediante cilios en su parte inferior. La punta en crecimiento es verde o rojiza; al mojarse la raíz el llamado velamen se vuelve verdoso. La clorofila contenida en las raíces contribuye a la fotosíntesis de la planta.

Son nativas del sudeste asiático, desde las montañas del Himalaya hasta las Filipinas, Indonesia, Norte de Australia y Selva baja del Perú (América del Sur).

La isla Orquídea de Taiwán, debe su nombre a estas orquídeas. En la naturaleza algunas especies se desarrollan bajo el dosel forestal, en la humedad de la parte baja, por lo que están protegidas de la luz solar directa y otras crecen en entornos con estaciones secas y frías. Todas ellas se han adaptado individualmente a estos hábitats.

Su cultivo es relativamente fácil, solo requiere un sitio húmedo, protegido del sol directo, una temperatura diurna de alrededor de los 25 °C y una temperatura nocturna de 15 °C. El sustrato debe ser abierto, por ejemplo de corteza de pino con tepetzil y carbón para que permita que escurra el exceso de agua después de regar, y una maceta transparente debido a que estas plantas crecen mejor con las raíces expuestas a la luz.