Ataviado con su vestimenta de guerrero y montando su caballo blanco, el apóstol Santiago condujo hacia la victoria a las tropas del reino español para reconquistar su territorio.

El 25 de julio es el día que la Iglesia católica dedica a la veneración del Apóstol Yago o Jacobo, conocido en el mundo hispano como Santiago, patrono originario de Esquipulas, centro religioso centroamericano.

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Alrededor de 1560, las autoridades españolas, luego de la cruenta conquista del territorio ch’orti’, establecieron un pueblo denominándolo Santiago Esquipulas.

Nunca se imaginaron que la religión implantada por ellos convertiría a la población en la capital católica del istmo, gracias a la escultura conocida como el Cristo Negro. Santiago era el patrono de los reinos españoles, porque desde el año 844, cuando luchaban contra los musulmanes por reconquistar su territorio, afirmaban que se apareció con traje de guerrero sobre un caballo blanco y les ayudó a vencer a los no católicos. Desde entonces, el grito de guerra era Sant Yago o Santiago, de ahí la unión del nombre.

Aparentemente, la decisión de nombrar así al nuevo pueblo fue por la dificultad que se tuvo al vencer a los ch’orti’; cuya conquista terminó después de 1530.  Es probable que el establecimiento del poblado se debiera a la actividad religiosa, dedicada al culto propiciatorio de las lluvias, que se realizaban (y aún se hacen) en la llamada Piedra de los Compadres; pues para los no ch’orti’ era poco comprensible la actividad religiosa de fertilidad y la confundieron con la leyenda de dos compadres adúlteros.

Un lugar hermoso Santiago Esquipulas

Originalmente, el pueblo se asentó donde ahora se encuentra la parroquia dedicada a Santiago, al extremo nororiente de la 3ª Avenida, antigua calle real.  En 1673 se encontraba en construcción el actual templo dedicado a Santiago y para 1690 ya estaba terminado. Entre 1595 y 1759, esa iglesia fue el lugar de veneración del Cristo Negro; cuyos milagros empezaron a registrarse en 1603, a tan solo ocho años de su arribo.

En 1839 el viajero John Stephens describió el pueblo como un lugar hermoso, en el que destacaba la imponente mole del santuario. Entre 1826 y 1838, la región se vio envuelta en las guerras entre conservadores capitalinos y liberales salvadoreños y hondureños, por lo que el pueblo sufrió ataques en varias ocasiones. Entre 1851 y 1863, tras las victorias guatemaltecas contra los ejércitos de ambos países, la población se recuperó y empezó un continuo crecimiento.

En 1858, se inauguró el Puente Grande, para sustituir uno antiguo de madera que debía repararse continuamente sobre la llamada Quebrada Oscura. Se mandó traer esculturas de Copán para decorarlo.

Dos años después, se inauguró la Casa Nacional, actual edificio municipal que está frente al templo parroquial.  En 1880 se instaló el servicio de telégrafo, y en 1888, la hermosa fuente del parque, que se abastece por uno de los acueductos más interesantes de Guatemala, pues tiene un arco ojival.

En 1933 se inauguró la primera carretera con capacidad para automotores, que le comunica con la cabecera de Chiquimula.  Así, en 1968 la población recibió el título de ciudad, debido a la importancia que había cobrado en la realidad nacional. [Redacción y fotos: Anibal Chajón / CECEG]

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