Ante la crisis económica del país, en muchas fincas de Alta Verapaz, los patronos optaron por crear sus propias fichas, las cuales tenían 2 objetivos: “No gastar y controlar a sus propios trabajadores”.

Aprovechando la crisis económica del país a finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, y por la falta crónica de moneda fraccionaria o de baja denominación, necesaria para el pago de los jornales y para que se hicieran transacciones comerciales al menudeo, se acuñaron o marcaron fichas privadas.

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Estas fichas son una especie de monedas que emitían los propietarios de empresas que estaban relacionadas con la producción de café y otras actividades como la minería, transporte, almacenes y clubes.

Principalmente las utilizaron como forma de control de producción. Al mismo tiempo como pago a la mano de obra principalmente indígena; quienes los obligaban de forma indirecta a comprar artículos de consumo diario en la tienda de la finca patronal; justificados por las grandes distancias y los malos caminos hacia los pueblos más cercanos.

Mano de obra

Estas fichas no fueron más que medios para fijar y explotar la mano de obra de los trabajadores. Solo tenían valor en las tiendas de las mismas fincas, o en establecimientos donde existiera acuerdo de pago de parte del finquero con el propietario de dicho comercio. De ahí que si estos cambiaban de centro de trabajo, no las podían cambiar y tampoco ahorrar incluso si  la finca quebraba. En realidad, era una forma de coartar la libertad de búsqueda de mejores condiciones de trabajo y por ende de vida.

Aunque contradictoriamente los finqueros sí utilizaron la moneda oficial para realizar sus transacciones comerciales.

Las fichas particulares de las verapaces
Las fichas particulares utilizadas en las Verapaces, tenían diferentes formas, diseños, usos, valores nominales y fueron acuñadas en diferentes materiales. Si una misma persona era propietaria de varias fincas, seguramente en todas ellas utilizaba la misma ficha; por lo que delimitar su uso a una solo finca o municipio es complicado.

Migrantes en las Verapaces

Muchas de las fincas de las Verapaces fueron formadas por inmigrantes alemanes, chilenos, franceses, ingleses, italianos, entre otros; quienes en sus países de origen ya habían oído de las nuevas oportunidades en el cultivo del café.

La falta de mano de obra, medios de comunicación, las grandes distancias, el clima, acceso al crédito y medio circulante, fueron algunas de las dificultades con la que tropezaron los nuevos finqueros. Todas y cada una de estas dificultades fueron las que propiciaron y difundieron el uso de las fichas de finca en la incipiente industria cafetalera.

La mayor parte de fichas de las Verapaces pertenecen a plantaciones de café y las crearon y utilizaron entre 1850 y 1950.

Tipos de fichas

Existen fichas de fincas de las Verapaces producidas en forma artesanal, contramarcadas o reacuñadas sobre otras monedas. Además las acuñadas formal y específicamente para una finca determinada.

Las encontramos en diferentes formas, tamaños y materiales. Es muy difícil determinar su fecha de creación; salvo que así se indique o deduciéndolo por la finca a la que pertenece (si aparece el nombre), y la fecha en la que esta operó.

De las contramarcadas o reacuñadas sobre otras monedas de curso legal, encontramos principalmente las hechas usando los centavos de Guatemala; ya sean reacuñados, aplastados o contramarcados, que fungían como fichas.

También las encontramos en menor número sobre otras monedas guatemaltecas y algunas extranjeras. En estos casos, la fecha de la moneda usada nos sirve para aproximarnos al período en que la misma fue utilizada.

En principio las fichas serían cambiadas periódicamente por el propietario de la finca al tenedor de la misma por su equivalente en moneda de curso legal. Como esto no siempre sucedía en la realidad, algunos comerciantes empezaron a recibirlas en sus establecimientos como medio de pago; siempre y cuando la finca fuera conocida y solvente.

Con el tiempo la mayoría de las fincas establecieron sus propias tiendas y allí eran cambiadas sus propias fichas por artículos de consumo requeridos por los trabajadores; obteniendo el hacendado doble beneficio, y en cierta forma, manteniendo cautiva la mano de obra calificada tan escasa en esos tiempos.

Al empezarse a aceptar fuera de la propia finca comenzaron a aparecer falsificaciones, sobre todo de las rústicas o elaboradas artesanalmente. En 1925, el estado prohibió su uso como medio de pago o sustituto de la moneda de curso legal, el Quetzal.  No obstante a la prohibición, su uso siguió muy generalizado hasta finales del siglo XX.

Contramarcas en las fichas

En algunas fichas de finca encontramos contramarcas sobre las mismas. Las razones para contramarcarlas pudieron ser varias, entre otras: el cambio de propietario de la finca, la revalidación por parte del mismo propietario de la finca para evitar falsificaciones o fraudes o para actualizar sus inventarios, la habilitación para su uso por parte de una finca distinta o anexo, el cambio de valor de una ficha, o para inhabilitarla y ponerla fuera de circulación.

Algunas fichas tienen grabado el nombre de la finca, del propietario o sus iniciales o una figura, así como un valor fijo que representaba el equivalente al jornal, una tarea, un cajón, un real, un vaso de cerveza  etc.

La Casa de Moneda de Guatemala quedó facultada para acuñar monedas particulares. Esto según el reglamento de fecha 21 de noviembre de 1,894, en el cual se limitaba la acuñación de fichas de finca a material de cobre y a 17, 22 o 26 milímetros de diámetro. Asimismo, en dicho reglamento se prohibía que tuvieran el tamaño de las monedas nacionales, que para ese entonces tenían 37, 31, 24, 18, 16 milímetros las de plata, y 25 mm la de 1 centavo de cobre. [Redacción: Selvin López Pelaez. Fotos proporcionadas por: Selvin López Pelaez. Fichas: Colección privada de Selvin López Pelaez]

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