Los guacamayos Barba Azul, una especie de loro endémica de Bolivia en peligro de extinción, demuestran ser capaces de aprender acciones solamente observando a sus compañeros. Esta forma de imitación podría ayudar a entender los comportamientos grupales de estos animales.
Investigadores del Instituto Max Planck y de Loro Parque de Tenerife demostraron que estas aves pueden aprender comportamientos inusuales observando a sus congéneres, sin entrenamiento directo. Los resultados se publicaron hoy en Scientific Reports.
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Los investigadores señalaron que la “imitación de terceros” es la capacidad de aprender observando pasivamente las interacciones entre individuos. Esta habilidad, asociada a la transmisión de normas y prácticas culturales, nunca se había documentado fuera de los humanos.
El estudio se realizó con 14 guacamayos barba azul de Loro Parque; doce sujetos experimentales y dos machos entrenados durante ocho años. Comprobaron que los primeros podían imitar las acciones de los entrenados y responder a los gestos de los investigadores.
Los guacamayos barba azul pueden imitar a otros individuos de su misma especie
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— Hora 25 (@Hora25) September 4, 2025
Las aves levantaban una pata, giraban o batían las alas al recibir una orden, pese a no haber sido entrenadas específicamente para ello. Algunas incluso imitaban de manera espontánea, antes de recibir instrucciones o recompensas.
La bióloga Esha Haldar y su equipo del Instituto Max Planck de Cognición Animal evaluaron a un grupo de loros “ingenuos”. Estos observaban de forma pasiva a un demostrador de su misma especie realizar acciones arbitrarias en respuesta a gestos humanos.
Una forma de imitación solo vista en humanos
El grupo de loros ingenuos aprendió más acciones, con mayor rapidez y precisión que el grupo de control. Los investigadores concluyeron que esta especie puede aprender simplemente observando a sus congéneres.
“Los hallazgos son notables porque demuestran, por primera vez, la existencia de imitación de terceros en un animal”, destacó Loro Parque Fundación en un comunicado difundido el jueves 4 de septiembre.
Esha Haldar subrayó que este tipo de imitación nunca se había descrito en animales. Explicó que en los seres humanos es común, sobre todo en sociedades cazadoras-recolectoras, donde los niños aprenden normas sociales observando pasivamente a los adultos.
“Es normal que los niños comiencen a imitar desde el nacimiento, pero solo desarrollen la capacidad de imitar a terceros a partir del segundo año de vida”, precisó Haldar. Agregó que, aunque los resultados no prueban de manera directa la adopción de perspectivas en guacamayos, sí sugieren su presencia.
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El director científico de Loro Parque Fundación, Rafael Zamora, explicó que en Bolivia los guacamayos barba azul conviven parte del año en grupos sociales cuya composición cambia con frecuencia. Esto exige una integración más rápida de los individuos y una sincronización colectiva.
“La imitación de congéneres en los loros puede facilitar estos procesos”, añadió Zamora. Según dijo, este aprendizaje permite la transmisión de comportamientos típicos del grupo, así como la coordinación de movimientos y gestos.