Una noche memorable en el Metropolitano, una lección de ambición, vértigo, contundencia y fútbol, encumbró al Atlético de Madrid en un primer tiempo descomunal. En ese tramo destrozó al Barcelona como nadie lo ha hecho en mucho tiempo. Lo sobrepasó, lo devoró y lo dejó casi eliminado, pendiente de una hazaña en la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey.

Porque es el Barça y porque se ha ganado todo el crédito con Flick a su mando, aún se le aprecia vida para el segundo encuentro en el Camp Nou. Aún le queda esperanza, porque aún quedan minutos. Es lo único a lo que puede aferrarse el equipo azulgrana tras su debacle en el Metropolitano, transformado en una fiesta de proporciones siderales.

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El primer tiempo del Atlético fue apoteósico. De los que quedan para el recuerdo. Quedará guardado en la memoria del hincha y en la historia del Metropolitano. Así se desencadenaron los acontecimientos en una noche señalada. Unas semifinales. Y el Barcelona. Una exhibición, una reivindicación, un hito.

El Atlético descargó toda su ambición, la rebeldía de un grupo que no se conforma con ser secundario. Demostró que es capaz de todo. Jugó con una intensidad descomunal y preparó el partido al detalle. El plan de Simeone trazó el camino. La ejecución de los futbolistas fue sublime: explotaron cada debilidad del Barça en la primera parte. Lo encararon y lo machacaron, muchas revoluciones por encima de su rival, con ímpetu, precisión y fútbol.

Dominio total en la primera parte

Griezmann, mucho más suplente que titular en los últimos tiempos, lideró el ataque. Por él transitó la inspiración del Atlético, que desencadenó la tormenta sobre la portería de Joan García. En cada salida y en cada creación dibujó el pase definitivo. Marcó el momento justo. También brillaron Koke, despedido en pie por todo el estadio, y Llorente. Fue un partido coral y de altísimo nivel.

Hay instantes que condicionan el todo. Quizá el 1-0. Joan García se excedió de confianza al controlar un balón que Eric García le cedió atrás. Colocó el pie demasiado elevado y el balón se le escapó por debajo. Cruzó la línea pese a su reacción. Por las dudas, Lookman remachó.

Era el minuto 7. Sin embargo, el Barça ya había sufrido antes. El Atlético lo presionó desde el primer instante y se volcó en campo contrario. Con la mirada directa y el rugido del Metropolitano, el equipo de Flick se sintió oprimido y vulnerable. Se salvó del 1-0 en los primeros minutos porque Giuliano no definió como Griezmann.

Simeone midió el partido con precisión. No solo presionó arriba. También ajustó el registro cuando el Barcelona asumió la posesión. El Atlético se replegó en un 5-4-1 y buscó la salida con los saques largos de Musso hacia Lookman.

El 2-0 nació en el minuto 14. Lookman controló con finura en el extremo izquierdo y esperó apoyos. Julián Álvarez apareció. Por el otro lado surgió Nahuel Molina, la sorpresa del once. El balón circuló hasta Griezmann, que definió con un suave zurdazo junto al poste. Gol.

Golpes antes del descanso

Otro golpe para el Barcelona, desubicado sobre el tablero que ideó el técnico argentino. Tiene calidad y mecanismos sólidos, incluso con dos goles en contra, pero no expresó la amenaza de otras veces. Quedó expuesto a la goleada.

Fermín remató al larguero en un saque de esquina. Aun así, el Atlético voló en ataque. Sus rupturas desbordaron la línea alta del Barcelona. La defensa azulgrana corrió hacia atrás, siempre tarde. Griezmann dispuso de dos ocasiones más, pero no acertó.

El 3-0 llegó en el minuto 33. No fue un contragolpe. El Atlético inició la jugada desde atrás y cambió el ritmo cuando debió. Giuliano rompió con velocidad, Julián Álvarez asistió y Lookman culminó. Otro más.

El Atlético fue aún más allá antes del descanso. Musso intervino ante Fermín y sostuvo la ventaja. Luego llegó el 4-0 de Julián Álvarez en el minuto 47. Su zurdazo llevó el peso de once partidos sin marcar y de las dudas recientes. Fue una liberación.

Incrédulo, apabullado y deshecho, el Barcelona no sabía dónde mirar. No hubo excusa. Ni en sus futbolistas ni en Flick, incapaz hasta entonces de cambiar el rumbo. El 1-0 lo anunciaba. También el 2-0 y el 3-0. El cambio en el minuto 37, cuando quitó a Casadó por Lewandowski, no varió nada. El joven mediocentro salió desolado hacia el banquillo, abrazado por el técnico.

No le salió nada al Barcelona. Ni siquiera cuando marcó en el minuto 52. Ya lo había celebrado Cubarsí, pero el VAR detectó una posición dudosa. El fuera de juego fue milimétrico y la revisión duró más de seis minutos. El gol no subió al marcador. Otro golpe para el equipo azulgrana, que ya no logró más.

¿Definitivo? Casi. Queda la vuelta. No la jugará Eric García, expulsado con roja directa en el minuto 85 por una patada a Baena.