El papa Francisco confesó a tres jóvenes peregrinos participantes en la Jornada Mundial de Juventud (JMJ) procedentes de España, Guatemala e Italia en el Parque del Perdón, un espacio en el barrio lisboeta de Belém donde se han instalado 150 confesionarios construidos por reclusos portugueses.
Como cualquier párroco, el papa se acercó a estos confesionarios especiales y modernos, ya que son estructuras sencillas de conglomerado de madera reciclada con un banco para el confesor y el fiel, pero sin separaciones, ni rejillas que impidan verse para facilitar el contacto y la acogida.
Hermano, hermana, no estamos solos con nuestras heridas, nuestras fragilidades y nuestras culpas. Nosotros creemos que Jesús ha cargado con todo el mal y el dolor, de modo que el mal y el dolor no quedan ya sin sentido y sin salida. #JMJ #Lisboa2023
— Papa Francisco (@Pontifex_es) August 4, 2023
Aunque habían preparado un confesionario con una silla blanca para el papa, este prefirió mayor intimidad y eligió otro fuera de la vista de las cámaras.
El primero que acudió a confesarse fue el joven español Francisco, de 19 años, y después Yesvi, de 33 años, de Guatemala. Finalmente, le tocó el turno a Samuel, italiano de 21 años.
El papa se detuvo varios minutos con ellos, para después ir al centro de Caridad de Serafina.
En estos días, miles de jóvenes se han puesto a la cola, divididos en filas según el idioma en el que quieran confesarse, para poder acceder a los confesionarios.
Los 150 confesionarios los construyeron presos de las cárceles de Paços de Ferreira, Oporto y Coimbra, en el norte y centro del país. Según medios locales, cobraron 5,50 euros por hora de trabajo.