Según la Universidad de San Carlos, cada año Guatemala genera alrededor de 2.7 millones de toneladas de basura, acumuladas en los vertederos de todo el país. A partir del 11 de febrero de 2025, el reglamento para la gestión integral de los residuos y desechos sólidos comunes obligará a todos los hogares a separar esos desperdicios.

La norma se creó en 2021 y, según el documento, la clasificación secundaria de basura iniciaría en 2023. Cuando llegó el día, el mercado comenzó a ofrecer botes de distintos colores para empezar a separar desechos, pero los alcaldes, tras dos años del aviso, negaron estar preparados. Y es que no solo se necesitaba separar, sino también tratar esos residuos.

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El Ejecutivo (entonces a cargo de Alejandro Giammattei) concedió una prórroga y la nueva fecha para la entrada en vigor de las condiciones del reglamento llegará en un año. Mientras tanto, las personas solo deben clasificar su basura, como mínimo, entre orgánica e inorgánica.

Los residuos orgánicos son aquellos de origen biológico o que alguna vez fueron parte de un animal o vegetal; como los restos de alimentos, las cáscaras de huevo, el café utilizado en la percoladora, entre otros. Los inorgánicos son lo contrario y no se biodegradan, como los textiles, el cuero y la madera entre otros.

A partir del 11 de febrero de 2025, esta se ampliará a orgánico, reciclable (papel, cartón, plástico, metal, vidrio y material multicapa) y no reciclable, de acuerdo con las reformas al reglamento. Para ese momento, no se permitirá a los vecinos solo realizar la clasificación primaria.

¿Vale la pena?

De acuerdo con la bióloga y coordinadora de programas de reciclaje, Priscilla Juárez, no realizar la clasificación con la excusa de “al final lo revuelven todo en el camión” no es siempre acertado. Según ella, gran parte de los recolectores clasifica después esa basura revuelta para llevar a las recicladoras lo recuperado.

“Es otro ingreso para estas personas, entonces más que un impacto ambiental, tiene uno social. Siempre digo a mis alumnos que es mejor brindar estos materiales separados en vez de obligar a otros a buscar entre nuestras bolsas para encontrar algo recuperable”, añade la bióloga.

Según Juárez, para lograr esto no solo se requiere participación ciudadana, sino educar sobre los beneficios del reciclaje y, de ser posible, hacer públicos los incentivos: “En centros comerciales hay depósitos para envases plásticos, como los de shampoo. A cambio, las personas reciben pequeños descuentos en alguna tienda y eso anima a muchos a llevar sus contenedores”.

Los depósitos a los cuales se refiere Juárez se llaman Ecobot y se ven así. Se encuentran en universidades y algunos centros comerciales. Foto: Ecobot.

Por ahora, el ministerio de Ambiente se encuentra en el plan de adaptación, el cual durará también hasta febrero de 2025. En los meses restantes continuarán las campañas educativas a su cargo y, según anunció en agosto de 2023, se hará una estrategia de vacunación antirrábica y antitetánica para recolectores y recicladores con el fin de protegerlos durante este proceso. [Por Carmen Valle. Vía Ojoconmipisto]

Los depósitos a los cuales se refiere Juárez se llaman Ecobot y se ven así. Se encuentran en universidades y algunos centros comerciales. Foto: Ecobot.