La curiosidad de los niños no tiene límites y, a veces, los padres aprovechan esa veta, o incluso la alientan, cuando hay que hacerles tomar algún medicamento, diciéndoles por ejemplo: “Ya verás, esto es tan rico como un dulce”. Sin embargo, el pediatra Berthold Koletzko desaconseja tajantemente aplicar este tipo de estrategias.

“Esos métodos que hacen que los remedios parezcan inofensivos aumentan el riesgo de que los niños luego descubran medicamentos en la casa y los ingieran en un momento en que nadie los observa”, advierte el especialista.

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El riesgo es particularmente grande en momentos en que los padres se distraen un momento, como sucede cuando suena el timbre o al saltar rápidamente al baño. Tiempo suficiente para que el niño tome de un manotazo la pastilla que quedó sobre la mesa y se la trague.

Mantener a resguardo

Es fundamental que los adultos presten atención cuando ingieren un medicamento y eviten dejar el paquete al alcance de los niños, algo que evidentemente no debiera suceder en ningún momento. Los especialistas incluso recomiendan guardar todo tipo de medicación en un botiquín bajo llave o al menos en un cofre con un candado de números.

¿Qué medicamentos de adultos son peligrosos para los niños? La Fundación de Salud Infantil de Alemania señala como particularmente riesgosos aquellos que suelen aplicarse para los trastornos del ritmo cardíaco, como los antiarrítmicos o los bloqueadores beta. Los calmantes fuertes, como los opioides, también son de alto riesgo.

Enjuagar y dar de beber mucho líquido

Si el niño ha ingerido algún medicamento, hay que enjuagarle de inmediato la boca con agua para retirar cualquier resto que pueda haber quedado. Luego es importante que el niño beba mucho líquido. Puede ser agua, té o zumo. El líquido diluirá la sustancia ingerida.

En esas situaciones, la leche está terminantemente prohibida, porque podría acelerar la absorción de la sustancia nociva en el intestino del niño, señala la fundación consultada. Otra de las cosas prohibidas es que los padres intenten que el niño vomite. En ese caso, el peligro radica en que el vómito puede colarse hacia los pulmones y generar allí una infección.

Ante la duda, llamar a emergencias

La experiencia de los especialistas indica que la mayoría de estos accidentes domésticos “afortunadamente resultan más inofensivos de lo temido”. Sin embargo, no son para tomar a la ligera. Ante la duda, es mejor llamar al médico o a algún servicio de emergencia especializado.

Si el niño tiene síntomas de algún tipo de intoxicación, como vómitos, náuseas, diarrea, problemas para respirar, inconvenientes de presión o incluso desmayo, es fundamental no dudar y llamar al servicio de emergencias.