En Chiantla, Huehuetenango, a los pies de los Cuchumatanes, se encuentra una pequeña iglesia que silenciosa protege a la bella imagen de la Virgen de Candelaria… la virgen de plata.

Centro de la devoción de muchos devotos, Chiantla recibe el día de Candelaria a muchos peregrinos que veneran a la Virgen de Candelaria.

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La conquista española del territorio mam fue terrible. Se dice que Kaibil Balam fue vencido por el hambre, ante el sitio que le sometieron las tropas dirigidas por los castellanos, compuestas por millares de tropas auxiliares procedentes del centro de México. Fueron ellos quienes le dieron el nombre de Huehuetenango, lugar de los árboles de Ahuehuetle, al área.

Los sobrevivientes mam fueron esclavizados. Sin embargo, tras la conquista llegó la evangelización.

Las autoridades establecidas en Guatemala en 1549 ordenaron la liberación de los esclavos. Así surgieron los pueblos de indígenas. Uno de ellos fue Chiantla, cuyo significado podría ser del mam que significa abundancia de chan; o del náhuatl, que significaría lugar donde brota el agua, y se dedicó a la Purificación de la Virgen.

Candelaria

Lo cierto es que se les entregó a los dominicos la evangelización del pueblo y que a esa advocación mariana también se le conoce como Candelaria.

Por ello, los dominicos encargaron la talla de una imagen de la Virgen. Así lo cuenta un cronista en 1619, el fraile Antonio de Remesal: “del convento de Santo Domingo de Guatemala se llevó la devotísima imagen de nuestra Señora que allí está (en Chiantla), que fue hecha por el mismo oficial que la que llaman Nuestra Señora del Rosario la Antigua, a diferencia de la nueva que se hizo de plata”.  Sin embargo, como el territorio adjudicado a los dominicos era muy extenso, poco después de ser llevada la imagen, el pueblo pasó a administración de los mercedarios.

En 1625, otro fraile, el irlandés Tomás Gage visitó Chiantla y escribió que la escultura estaba en “el altar mayor… en un tabernáculo que tiene media docena de cortinas de seda, de raso, de telas labradas en oro y bordes de encaje dorado, llevando una corona de oro valiosa, engarzada profusamente con diamantes y otras piedras preciosas. Ante esta imagen penden por lo menos una docena de lámparas de plata”. La riqueza de ofrendas se debía a la gran devoción que despertó la imagen entre los fieles del área y de otras regiones.

En 1690, un español que había sido corregidor, Francisco de Fuentes y Guzmán, escribió que, una “romería numerosa” se realizaba para la “veneración de la Santísima imagen… cuya continuación de milagros se expresan bien en libro que he leído y está en poder del comendador de aquel convento”.

Plata labrada

Además, anotó que la iglesia tenía “buena plata labrada de sacristía y ricos ornamentos; muchas lámparas y la principal y mayor que le donó Francisco Ruiz Lozano, vecino de la ciudad de los Reyes en el Perú (Lima) y natural de Puebla de los Ángeles, envió para dote de su luz una barra de valor de mil y trescientos pesos”. En el siglo XVIII, los devotos patrocinaron el traje de plata que la caracteriza.

Se supone que el metal era de la mina conocida como Torlón, que se explotaba desde el siglo XVII; o la de Las Ánimas, también llamada La Esperanza, que están en las cercanías de la población. Incluso se narra que dos españoles habían ofrecido hacer toda la escultura en plata, pero, al no cumplir, murieron en la mina.

En el siglo XX se amplió el templo y se decoró con murales, atribuidos a Carlos Rigalt. Lo cierto es que, a casi cuatro siglos de veneración, la imagen continúa atrayendo fieles que confían en obtener gracias al visitarla en su santuario de Chiantla. [Redacción: Aníbal Chajón. Fotos: Jimmy Pryor]

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